Entre un padre ausente o la presencia de un padre ineficiente.
Recientemente leí una novela, me atrapo desde el inició por aquello de que la protagonista se encontraba molesta con el calendario, con la forma de medir el tiempo.
Soy adulta, se que lo que soy esta relacionado con lo que viví, con las circunstancias y la manera en que con ayuda o sin ella resolví situaciones adversas, todo lo que ahora tengo o me falta esta relacionado directamente con todo lo que aproveche, disfrute o desperdicie con conciencia o sin ella.
Pero siempre eche de menos a mi padre, ya no lo culpo de nada, pero como muestra el fragmento de la novela escrita por M. Bronzon que presentó en la fotografía, mi infancia y adolescencia transcurrió entre la envidia que me producían los padres de mis compañeras y el pavor que me provocaban todos los parientes (abuelo y tíos) que se sentían padres para ordenar, imponernos castigos, encomendarnos quehaceres que no le pedían a sus hijos y "disciplinarnos" desde su muy particular visión, pero que no apoyaban a mi madre con todos los gastos que nuestra existencia generaba.
Me invente un padre para no ser marginada de las fiestas y reuniones, sobreviví con mi padre imaginario en un mundo machista, pero siempre aparecía mi madre para informarle al mundo que mi padre había sido un villano que nos había abandonado.
Cuando comencé a trabajar, la falta de padre fue evidente, sortear los abusos y la agresividad de jefes y compañeros no fue sencillo, entonces envidie aun mas a todas aquellas compañeras que gracias a la existencia de un padre podían estudiar sin trabajar, o que trabajando ya, tenían un padre que iba por ellas a las fiestas, les regalaba cosas en sus cumpleaños, o les complementaba el dinero necesario par la compra de autos o joyas cuando el salario no era suficiente. ¿Por qué siempre tenían padres ideales mis amigas? no lo se.
Con el tiempo empece a ver que algunos padres eran verdaderos villanos, que les quitaban el salario, o que golpeaban a madres e hijas sin consideración alguna, peor aún supe de padres que impedían el desarrollo personal y académico de sus hijas, entonces, le agradecí a la vida no haber tenido un padre, pues según mi madre, así de malo habría sido el mio.
Hoy se que el hubiera no existe, mis medios hermanos gozaron de un padre que no fue golpeador, un empresario que no dilapidaba sus ganancias en autos y joyas, pero un proveedor seguro a quien no le dolía pagar colegiaturas, comprar útiles escolares o acompañarlos a eventos sociales y académicos.
No se porque ahora, ya sin necesidades económicas, aún me da por inventarme un padre para las crisis emocionales.


