La güera Borgia o las historias que siempre se repiten
Cuando la conocí aún era una vegetariana estricta, una
enfermedad con fuertes dolencias la hizo comenzar a incluir proteína de origen
animal en su alimentación. Su cara redonda y su sonrisa perenne inspiraban
confianza.
En el centro de trabajo donde coincidimos ella se manejaba
con un perfil de liderazgo mas bien bajo, sentí empatía por ella porque tenía
su “hora de lactancia”, me parecía muy mayor para tener un bebe y eso me
causaba cierta admiración.
No sé porque pensé que en unos años andaría por ahí su hijo
o hija, yo batallaba horrores para llegar temprano, la culpa por desmañanar a
mi pequeña y arrastrarla medía ciudad en el transporte público para llegar al
trabajo me hacía sentir muy incómoda, en automático florecía mi solidaridad con todas aquellas
mujeres que compartían mi condición.
Era yo casi nueva en el sistema, cuándo Borgía faltó tres días seguidos indagué entre sus amigas, aún recuerdo como
la enfermera con risa socarrona me dijo –tiene cuidados maternos-.
Mi compañera no se presentó hasta el miércoles de la
siguiente semana, recuerdo haberle preguntado cómo seguía su pequeña, la indiferencia
con que me respondió me molesto pero creí que era inapropiado meterme en lo que
no me importaba.
Aquel ciclo escolar mi hija tuvo varicela, me dieron ocho
días de cuidados maternos y la Directora no me los acepto, dijo que eso no era
válido en nuestro subsistema y que “me iba a ayudar otorgándome tres días de
permiso económico y que solo me iba a reportar dos faltas”. Mi indignación y
enojo fueron bastante obvios, ¿cuál habría sido el acuerdo con la güera Borgía? mi molestia hizo que algunos compañeros me recomendaran ir al sindicato, así lo
hice y conseguí un permiso económico por los otros dos días.
Un ciclo escolar después, Borgia seguía saliendo una hora
antes de lo establecido para alguien con tiempo completo, cuando le pregunte
porque me respondió: “no me han quitado mi hora de lactancia”. Me pareció una
respuesta adecuada, en el mes de marzo recibí la invitación a los XV años de
una de las hijas de la güera Borgía. Asistí con gusto, aunque no me pareció extraño aquello de “sin niños”, ¿qué iba a hacer ella con su bebe?
No quiero hacer ésta historia larga, resultó que mi
compañera tenía ya quince años disfrutando de su hora de lactancia, parece ser
que nunca le informaron que esa prestación duraba solo un año, que los
Directores omitieron informarle, que nadie le retiro la prestación y que sus
hijos eran sumamente especiales porque se enfermaban siempre en Abril, con la
consecuente constancia de cuidados maternos que cubría diez días sin perjuicio
de sus permisos económicos.
Cuándo me despedí de ella porque me dieron cambio de
adscripción me dijo: me caes bien, creo que debí haberte dicho que mi papi es
director de la Escuela X, por eso nunca me descuentan y puedo tomar mis
vacaciones en abril, que es el mes en que mi esposo tiene vacaciones en el
ISSSTE.


