sábado, 3 de octubre de 2015



Para Jesús Hernández –Psicólogo altamente competente-

¿Quién soy?

Tiene dos semanas aproximadamente que mencionaste que hablaríamos de identidad.


Escribo esto porqué sé que voy a olvidar las auto evaluaciones que he hecho.
Saber mi nombre, el día y lugar en que nací (de esto no tengo una seguridad, pero me gusta pensar que sí), el nombre de mis padres y hermanos no me dice mucho sobre quién demonios soy.

A ratos creo que soy el resultado de una larga cadena de acontecimientos que para mi frustración, dominan las circunstancias negativas. -Aceptando como negativo lo que así designa la ética actual-

¿Soy la hija de una adolescente confundida que huía de un hogar violento?

¿La primogénita  (así me llama Él) de un estudiante de ingeniería con  deseo y convicción  de salir de la miseria? – y que por supuesto lo consiguió -

¿La escuincla que mentía para no ver pelear a sus padres, para que no golpearan a sus hermanos, para no ver llorar a su madre?

¿La mayor de cuatro hermanos que crecieron en un remedo de hogar roto, violento, con carencias afectivas severas?   A favor de mi madre y gracias a su trabajo, habré de  reconocer que las carencias económicas no fueron graves.

¿La provinciana que aún reniega por haber sido trasplanta a la ciudad sin su consentimiento?

¿Soy la tonta que inició vida de pareja un día después de alcanzar la mayoría de edad? Ambos sabemos de que estaba huyendo; Dios, ¡sigo huyendo!

¿La mujer que decidió embarazarse a pesar de no haber terminado la licenciatura?

¿La loca que abandono los estudios superiores para generar recursos económicos que ayudaran a su madre y hermanos a "salir adelante"? y que no pudo conseguirlo.

¿La miedosa que oculto las agresiones de parientes y maestros?

¿La persona que encontró en la escuela y la lectura el escape de una realidad en la que no le gustaba vivir?

¿La profesional que se puso en "stand bay" para disfrutar y orientar el crecimiento de su hija?

¿Una ingenua que se dio la oportunidad de enamorarse otra vez?

¿La ilusa que un día se convenció de que no podía hacerlo todo bien?

¿Soy aun la niña que se convenció de ser fea y de tener la culpa de todo?

¿La hija malvada que jamás ha complacido a su madre?

¿La adolescente envalentonada que golpeo y corrió a su padre de la casa?

¿La joven que busco encausar su agresividad por miedo a lastimar con severidad a alguien?

¿La bailarina que renuncio al ballet folklórico de  Nieves Paniagua?
¿La enojada señorita ( tenia 17 años) que acepto la negación de sus padres para trabajar como modelo del diseñador Pedro Loredo?

¿La honesta (taruga para cuates y parientes) líder sindical que rifo casas y préstamos sin quedarse con ninguno.?

¿La maestra insegura que dejo ir la oportunidad de avanzar en el organigrama y cuyo trabajo sirvió  de escalón a otros?

¿La estudiante que abandonó su investigación convencida de que no merecía nada bueno en la vida y perdió su beca a Francia?

¿La persona que renuncio a los celos para conservar la estabilidad familiar que le permitiera a su hija crecer protegida en un ambiente emocionalmente saludable?

¿La hija que traicionó a su madre al establecer una buena relación con el padre ausente y malvado?

¿La mujer adulta que busca ayuda para no odiar ni abandonar a su madre?

¿La vanidosa que regreso a la escuela por todos los grados que le faltaban?

¿La feliz madre de una mujer exitosa física y emocionalmente sana?

Sin ninguna duda soy nieta de cuatro abuelos de condición muy humilde, por parte de mi padre campesinos-pescadores y mineros; por parte de mi madre empleados domésticos y después obreros.

Con un poco de vanidad puedo decir que: soy una mujer que ha conseguido lo que se propone. He lastimado a otros en lo que desde mi perspectiva es legítima defensa de mis seres queridos o intereses personales; incansable lectora que aun, cuando el texto lo permite se da el lujo de vivir otra realidad.

Si me preguntas por mi identidad, soy una orgullosa mujer mexicana de la clase trabajadora. Se que me gusta el rol de investigadora, que soy buena maestra y me gusta creer  que tuve éxito como madre.


Espero que sepas lo mucho que te agradezco llevarme a reflexionar en todo esto.
En la vida no hay casualidades, sino causalidades.
Agradezco a la vida las causas que me llevaron a tu consultorio.

Que la abundancia de la naturaleza fluya a través de ti y de tus seres queridos.

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