sábado, 12 de septiembre de 2015

Adiós Camilo





 –“no soy malo maestra, solo no me quieren porque dicen que soy grosero y que no me estoy quieto...


Camilo es un adolescente de bajo peso y estatura para su edad, es el clásico alumno incomprendido, exige mucha atención y su inteligencia los mantiene activo o aburrido.

Jamás ha sido mi alumno, lo conocí por su afición a la lectura; al principio lo enviaba a su aula sin escucharlo. No debo permitir que los estudiantes se refugien en la improvisada biblioteca del laboratorio y que falten a clase, pero en una de esas tediosas juntas de consejo técnico hablaron de él como un estudiante de bajo rendimiento y problemático, imaginaba que era “problemático” pero no pensé que fuera de “bajo aprovechamiento”.

Unos días después de la junta apareció con su sonrisa en el laboratorio, me dijo que lo habían invitado a dar una vuelta para distraerse y que quería saber si tenía el libro de “Cañitas”. Su desilusión fue obvia cuando le dije que no, pero que lo podría encontrar en la biblioteca, pensé en acompañarlo para que  no lo reportaran, pero cuando cerraba la oficina ya estaba hojeando un libro de física.

Le  preste el texto  y lo mande a su clase, al otro día llegó durante el descanso, después de interrogarme sobre mi preparación académica me enseñó “sus ejercicios resueltos”,  no estaban mal, así que me interese por saber quién lo había ayudado, levanto los hombros y me dijo que solo había seguido el ejemplo del mismo texto. Seguí conservando con él, así me enteré de que la profesora X no revisaba sus tareas porque no las traía firmadas y que su madre no sabía escribir muy bien, que le costaba leer y que no ponía su nombre sin estar segura de lo que leía, en conclusión no le daba tiempo de leer ni firmar sus tareas, que se desvelaban mucho mientras él intentaba explicarle la tarea y acabaron los dos cansados de eso; que el profesor Y se enojaba con él por impertinente y preguntón, pero  que en realidad no se organizaba en las clases,  olvidaba lo que les dejaba leer  y él mismo profesor no leía, supe también que la maestra N y él tenían serias dificultades porque se atrevió a corregirla cuando les daba información equivocada, él había leído más de una vez el texto porque le encanta todo lo relacionado con esa asignatura; tuve que fingir sorpresa cuando me contó que en el taller se ponía a jugar porque su mamá no tuvo dinero para comprarle el “Kit” que necesitaba para trabajar y que no había trabajo alternativo, lógicamente también discutió con el profesor por  lo que el llamo “una falta de consideración”,  al final de la conversación me quede con sus palabras –“no soy malo maestra, solo no me quieren porque dicen que soy grosero y que no me estoy quieto, pero me aburro, se enojan si leo durante la clase, y si pongo atención y les pregunto también se enojan,  si me duermo para no levantarme ni aburrirme también se molestan y la señora de la biblioteca ya no me quiere ahí porque se me ocurrió que para no molestar a nadie en el salón podía estar en la biblioteca; así que le mentí para que me dejara quedarme más tiempo y el coordinador nos regañó a los dos que porque no entro a clase, de nada sirvió decirle que no me quieren en el salón…ya no sé qué hacer, si repruebo mi mamá me va a sacar de la escuela”-.

El ciclo escolar comenzó recientemente, me dio gusto verlo pero supuse que este año escolar iba a ser una pesadilla para él, lleno un cuaderno de “problemas resueltos”, estaba notoriamente muy interesado en la asignatura de ciencias, que en mi centro laboral imparte una “todo-poderosa” mujer con la que no se puede discutir ni el tono de verde con él se forran los cuadernos.

Me tocó ver cómo era exhibido, ridiculizado y agredido por la profesora, una “querida” sabrá Dios de quién que insulta, agrede, no respeta personas ni normas y de la que para variar nadie se queja.

Supe por voz de la propia todopoderosa  que “la analfabeta madre de Camilo” se había atrevido a quejarse del trato que le daba a su hijo,  pensé en que tal vez la permanencia del psicólogo durante las sesiones de laboratorio salvarían a Camilo de una transferencia de centro escolar, ¿por qué no me sorprendí al enterarme que el compañero mintió en favor de la profesora?

¿De que sirvió que aquel individuo estuviera presente mientras le gritaba?
La semana pasada para quitarle un motivo de ira a la profesora, le preste a Camilo una bata blanca, de manga larga que le abotonara al frente, tal como ella lo exige;  ¡hizo que se quitara la bata, que me la devolviera, lo retiro de la mesa de trabajo y le ordeno que permaneciera de pie en un rincón trabajando en su cuaderno y con el psicólogo escolar a su lado, vigilando que no se moviera!

Estoy consciente de que muchos estudiantes han sido cambiados de turno y de centro escolar cuando a mi compañera no le gustan,  sé que muchos de esos cambios han sido injustos, jamás imagine que su agresividad, falta de empatía y asertividad con los estudiantes estuviera avalada y protegida por el propio psicólogo de la escuela.

Este viernes me entere que la todopoderosa se comportó con “gran calidad humana” al negarse a denunciar a “la analfabeta” en el DIF, la mujer prefirió retirar su queja y llevarse a su hijo a otro lado para que “no se lo fueran a quitar”.

¡Qué raro que la denunciante haya salido culpable!

Qué asco me doy porque nada pude hacer, mi jefe fue claro cuando le expuse todo aquello que había presenciado y  escuchado del propio Camilo, sus palabras fueron claras: Usted está en su derecho de denunciar las cosas, pero hay otros testigos que afirman que la señora miente y el niño también  ¿Se enteró que la madre del chico acepto que lo tenía abandonado porque trabajaba todo el día y todos los días?


¡Qué fácil desviaron el problema de la prepotencia y agresión de la maestra a la falta de tiempo y  atención de una empleada de panadería con salario mínimo y poca escolaridad!

No hay comentarios:

Publicar un comentario