miércoles, 2 de septiembre de 2015

Podría ser...




Esta mañana Samantha, una joven estudiante de alto rendimiento se acercó a mi escritorio mientras sus compañeros salían del aula, me pregunto: ¿cómo se siente profesora?  y respondí lo habitual: no tan bien como me gustaría pero aceptable. Me miro desconcertada y unos segundos después modifico su pregunta –“me refiero a sus sentimientos”-.  ¡Ahaa eso no importa!,  le respondí rápidamente. La interrogué para saber si necesitaba ayuda con la tarea o alguna otra cosa, esbozó una sonrisa y se despidió.

Unas horas mas tarde, Jorge me pregunto: -¿Que tiene maestra?, la veo distante -.
No supe que decirle. Estoy decepcionada, triste, enojada pero nada de eso puedo decirle, porqué después tendría que explicarle las razones y no es algo que quiera hacer.
Me molesta la obediencia acrítica y el servilismo, pero definitivamente la anarquía me sienta muy mal.

Y eso es lo que ya me tiene enferma, odio que no se respeten las normas y acuerdos, me enoja que solo apliquen el marco legal a unos cuantos.

Me molesta la falta de equidad y de justicia.
Me provoca una gran frustración que mi trabajo y el de algunos padres de familia se vea estropeado por un agente tóxico experto en manipulación.

Me entristece que la corrupción se vuelva cotidiana, que el no hacer lo ética y moralmente correcto sea "lo mejor" para conseguir algún fin.

Me molestan todas esas cosas que no puedo cambiar. Me molesta que incluso para mí se aplique el consejo de un exalumno, " mejor aguantarse y no decir nada maestra, luego le va a uno peor?
Y es que los corruptos están tan empoderados, tan protegidos y son tan inmunes a todo que pueden descaradamente echar por tierra años de trabajo y esfuerzos.

¿Será que estoy equivocada y fuera de lugar en el actual contexto laboral?
Será ...

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