Siempre lo mismo o ya me canse de estar indignada, pelear y no ganar
nunca.
Llevo muchos días obligándome a
levantarme, a salir a tiempo, a llegar al trabajo y ya ahí, me obligo a no
llorar, a no insultar, a hacer lo mejor que puedo.
No hay cambios de centro escolar,
sólo permutas… la verdad deje de buscar.
¿Habrá alguna posibilidad de
mejorar en el escalafón y en condiciones laborales para quienes no somos
físicamente agraciadas, o que no se nos da con facilidad establecer relaciones
superficiales, o que simplemente somos diferentes?
Pude tener un mejor puesto hace
muchos años, no accedí a él porque no estaba dispuesta a regalar tiempo, mi
hija era pequeña y me necesitaba. Finalmente el puesto fue ocupado por el
clásico amigo del amigo, que a la postre resultó ser compañero de vida de una
profesora de matemáticas que dejaba mucho a desear en cuanto a su desempeño
laboral. Cuando los problemas por horario surgieron (y estoy hablando de hace más de veinte años)
fue que escuche por primera vez aquello de “los quereres no se tocan”, y esa
fue toda la explicación que se me dio cuando me vi con horas ahorcadas y a
doble turno por el mismo salario.
Con el tiempo entre un centro
laboral y otro me di cuenta que la historia se repetía, llegue a convencerme de
que estaba bien, algún trabajo debería
representar tolerar a personalidades tan ególatras en tu casa, tu cama, tu vida…
y yo obviamente no quería aquello, incluso llegue a respetar a las amantes,
“segundos frentes”, o cualquier otro estilo de “querer”.
Ahora con el pasar de los años,
cuando no solo hay que respetar la autoridad impuesta, sino a todos los
quereres: novias, novios, amantes, esposas, hijos, hijas, ahijados, sobrinos,
los amigos y todo lo demás pienso que debí mandar al diablo mi vocación y
emplearme como cualquier otra cosa en cualquier otro lado.
Ya no me acuerdo de cuantas veces
me arme de valor para denunciar nepotismo, alguna que otra acción corrupta
hasta el asco y acoso; pero no importa en todas y cada una de ellas yo resulte
culpable de algo, tenía además la obligación de comprobar cosas que eran
evidentes y “por conservar el empleo” tener que pedir disculpas por atreverme a
decir la verdad.
El reciente escándalo de “La casita blanca” obtenida a todas luces por
acciones no legales por la esposa del presidente ¡me hizo recordar tantos líos!
Cuando después de una investigación, toda proporción guardada similar a las que
yo viví resulta que el corrupto es inocente y que el denunciante es el más
repulsivo de los delincuentes no me sorprendí.
¿Será que esas acciones las
vivimos a diario en centros laborales y aulas, la razón por la que mi pueblo y
yo con ellos ya perdimos incluso la capacidad para indignarnos?
Me acordé de Jesús y lo que me dijo al inició de uno de los líos que disparo mi problemática actual, -“No diga nada maestra, me
toca echarme la culpa y listo, Charly siempre gana, no quiero que su papá me
vaya a dejar sin certificado y que a usted vayan a hacerle algo, total ya me
acostumbre a que me echen la culpa y a que convenzan a mi mamá que soy de lo peor”. Lógicamente no le hice caso y en
consecuencia: él resultó culpable, Charly inocente y mi auto rayado, con
llantas ponchadas y sin espejos retrovisores.

No hay comentarios:
Publicar un comentario